Alisar las paredes es un gran paso, pero no es el final del camino. Muchos clientes nos dicen: “Ya he quitado el gotelé, ahora solo queda pintar”. Y ahí es donde suele aparecer la decepción cuando el resultado no es el esperado.
La realidad es que pintar después de alisar es tan importante como el propio alisado. Una mala pintura puede arruinar un trabajo bien hecho, mientras que una buena ejecución realza el acabado y marca la diferencia entre una pared “correcta” y una pared impecable.
En este artículo te explicamos por qué no conviene precipitarse, qué errores evitar y cómo conseguir un acabado realmente profesional.
Por qué pintar después del alisado no es un simple trámite
Cuando una pared se alisa, ya sea con perlita u otro sistema, la superficie queda completamente nueva. Esto implica que la pared se comporta de forma distinta a una pared antigua, especialmente en cuanto a absorción, secado y adherencia de la pintura.
Si se pinta sin respetar los tiempos o sin preparar correctamente la superficie, es habitual que aparezcan marcas, sombras, diferencias de tono o incluso pequeñas fisuras. Problemas que no siempre se ven al momento, pero que sí aparecen cuando entra la luz natural o pasan unas semanas.
Por eso, pintar después del alisado no debería verse como “el último paso rápido”, sino como la fase que define el resultado final.
El error más común: pintar demasiado pronto
Uno de los fallos más habituales es no respetar los tiempos de secado del alisado. Aunque la pared pueda parecer seca al tacto, en su interior todavía puede conservar humedad.
Pintar demasiado pronto puede provocar:
- Diferencias de tono entre zonas
- Aparición de manchas
- Mal agarre de la pintura
- Pequeñas grietas con el tiempo
En Presupuestalia siempre explicamos lo mismo: cada material necesita su tiempo, y respetarlo es una inversión en durabilidad y buen acabado.
La importancia de la imprimación tras el alisado
Otro punto clave que suele pasarse por alto es la imprimación. Después del alisado, la pared tiene una absorción muy alta y desigual. Si se pinta directamente, la pintura “chupa” de forma irregular y el resultado nunca es uniforme.
Aplicar una buena imprimación:
- Sella la superficie
- Igualar la absorción
- Mejora la adherencia de la pintura
- Permite que el color final se vea homogéneo
Este paso es fundamental para que la pintura luzca como debe y no obligue a dar más manos de las necesarias.
Qué tipo de pintura usar después de alisar las paredes
No todas las pinturas ofrecen el mismo resultado sobre paredes recién alisadas. Elegir una pintura de baja calidad suele traducirse en marcas de rodillo, brillos irregulares y menor durabilidad.
En viviendas, lo más habitual es utilizar pinturas plásticas de buena calidad, con acabados mates o sedosos, que disimulan pequeñas imperfecciones y aportan un aspecto más elegante.
Además, una pintura adecuada facilita la limpieza y el mantenimiento, algo que se agradece especialmente en salones, pasillos y dormitorios.
La luz lo cambia todo (y revela los errores)
Una pared recién alisada y pintada puede parecer perfecta… hasta que entra la luz natural de lado. En ese momento aparecen sombras, marcas o irregularidades que antes no se veían.
Por eso, pintar paredes lisas exige técnica y experiencia. La forma de aplicar la pintura, el tipo de rodillo y el sentido de las pasadas influyen directamente en el resultado final.
Este es uno de los motivos por los que muchos trabajos “hechos rápido” decepcionan después.
¿Es buena idea pintar por tu cuenta tras el alisado?
Es una pregunta muy frecuente. Pintar parece sencillo, pero pintar bien una pared lisa recién alisada es otra historia.
Cuando algo sale mal:
- El defecto se nota mucho más que en una pared con gotelé
- Corregirlo suele implicar lijar y volver a pintar
- El coste final puede duplicarse
Por eso, cuando ya se ha invertido en alisar las paredes, lo más sensato es asegurar el resultado con una pintura profesional.
Alisado y pintura: la importancia de hacerlo como un conjunto
En Presupuestalia siempre planteamos el alisado y la pintura como un único proceso, no como dos trabajos independientes. Esto nos permite:
- Coordinar tiempos de secado
- Elegir materiales compatibles
- Garantizar un acabado uniforme
- Evitar errores típicos de trabajos separados
El objetivo no es solo que la pared esté lisa, sino que se vea perfecta una vez terminada.
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