Una de las frases que más escuchamos al inicio de un proyecto es:
“Queremos una reforma integral, pero todavía no tenemos claro qué entra exactamente”.
Y es normal. El término reforma integral se usa mucho, pero no siempre significa lo mismo para el cliente y para la empresa que va a ejecutar la obra. Esa falta de claridad es, de hecho, una de las principales causas de malentendidos, sobrecostes y frustraciones durante una reforma.
En este artículo te explicamos, de forma clara y realista, qué suele incluir una reforma integral, qué no está siempre incluido y qué deberías confirmar antes de firmar un presupuesto.
Qué se entiende por reforma integral (en términos reales)
Una reforma integral implica actuar de forma global sobre la vivienda, renovando instalaciones, acabados y distribución si es necesario. No se trata solo de cambiar lo visible, sino de actualizar aquello que hace que la vivienda funcione mejor y sea más cómoda.
En la mayoría de los casos, una reforma integral se plantea cuando:
- La vivienda es antigua
- Las instalaciones están obsoletas
- Se quiere redistribuir el espacio
- Se busca una renovación completa, no solo estética
Ahora bien, que sea “integral” no significa automáticamente “todo incluido sin límites”, y aquí es donde conviene bajar al detalle.
Qué suele incluir una reforma integral
Aunque cada proyecto es distinto, hay una serie de trabajos que normalmente forman parte de una reforma integral bien planteada o por fases.
Demoliciones y retirada de elementos antiguos
Una reforma integral comienza desmontando lo que ya no sirve: alicatados, solados, sanitarios, muebles antiguos, tabiques que se eliminan, falsos techos, etc.
Esta fase incluye también la retirada de escombros, algo que conviene confirmar siempre en el presupuesto.
Instalaciones nuevas (electricidad y fontanería)
Uno de los puntos más importantes —y menos visibles— de una reforma integral es la renovación de instalaciones.
Actualizar la instalación eléctrica y la fontanería es clave para:
- Cumplir normativa
- Evitar averías futuras
- Adaptar la vivienda a las necesidades actuales
En una reforma integral bien hecha, este apartado no debería “parchearse”, sino revisarse en conjunto.
Redistribución de espacios (si se necesita)
Muchas reformas integrales incluyen modificación de tabiques, apertura o cierre de estancias y mejora de la distribución. Aquí suelen entrar trabajos de:
- Albañilería
- Pladur o yeso laminado
- Refuerzos puntuales
No todas las reformas integrales cambian la distribución, pero cuando se hace, debe estar muy bien definida desde el inicio.
Renovación de cocina y baños
Cocina y baños suelen ser el corazón de una reforma integral. Normalmente incluyen:
- Nuevas instalaciones
- Alicatados y solados
- Sanitarios, platos de ducha o bañeras
- Mobiliario (según presupuesto)
- Iluminación específica
Es importante diferenciar qué está incluido como obra y qué como suministro, algo que aclararemos más adelante.
Acabados: suelos, paredes y techos
Una reforma integral suele contemplar:
- Colocación de nuevos suelos
- Alisado de paredes o eliminación de gotelé
- Falsos techos
- Pintura final
Este es el apartado más visible y el que define el resultado estético, pero depende directamente de que todo lo anterior esté bien ejecutado.
Qué NO siempre está incluido en una reforma integral
Aquí es donde surgen la mayoría de los problemas si no se aclara desde el principio.
Mobiliario y electrodomésticos
Aunque se reforme la cocina o el baño, los muebles y electrodomésticos no siempre están incluidos. A veces se incluyen, a veces se presupuestan aparte y otras se dejan a elección del cliente.
Nunca conviene darlo por hecho.
Proyectos técnicos y licencias especiales
En reformas que implican:
- Cambios estructurales
- Modificación de fachadas
- Cambios de uso
puede ser necesario un proyecto técnico, dirección facultativa o licencias específicas. No todas las reformas integrales lo requieren, pero cuando sí, no siempre están incluidas por defecto.
Decoración y elementos finales
Cortinas, iluminación decorativa, muebles, elementos de diseño…
Una reforma integral deja la vivienda lista para entrar a vivir, pero no siempre incluye la decoración completa.
Por qué es tan importante definirlo todo antes de empezar
Una reforma integral mal definida no suele fallar en la ejecución, sino en las expectativas.
Cuando no está claro qué incluye el presupuesto:
- Aparecen “extras” inesperados
- Se generan tensiones durante la obra
- El cliente siente que el precio se dispara
Por eso insistimos siempre en lo mismo: una reforma integral empieza con una buena definición del alcance, no con el martillo.
Nuestro enfoque en Presupuestalia
En Presupuestalia entendemos la reforma integral como un proceso completo y bien explicado, no como un paquete ambiguo.
Antes de empezar:
- Analizamos el estado real de la vivienda
- Definimos qué incluye y qué no incluye el presupuesto
- Aclaramos partidas, calidades y fases
- Evitamos sorpresas durante la obra
Preferimos dedicar más tiempo al inicio del proyecto para que el desarrollo sea fluido, previsible y sin sobresaltos.
Reforma integral no significa incluir lo que no se ha definido
Una reforma integral es una gran decisión y una gran inversión. Saber qué entra realmente en el presupuesto es la mejor forma de protegerte como propietario y de garantizar un buen resultado final.
Si estás valorando una reforma integral y quieres hacerlo con claridad desde el principio, asesorarte bien es el primer paso de la obra.


